Agustín Caloca Cortés nació el 5 de mayo de 1898 en el rancho de La Presa, municipio de Teúl de González Ortega, en el estado de Zacatecas. Sus padres eran Eduviges Caloca y María Plutarca Cortés, una familia campesina de la sierra zacatecana. La tierra donde nació era pobre y agreste, vecina de los límites con Jalisco, y el mundo de su infancia fue el de los ranchos norteños: trabajo duro, fe sencilla y muy poco más. De ese medio saldrían muchos de los mártires cristeros: hombres formados en la austeridad, para quienes el sacrificio no era una abstracción piadosa sino algo concreto y familiar.
La formación sacerdotal: dos seminarios
A una edad que las fuentes no precisan con exactitud, el joven Agustín ingresó al Seminario Conciliar de Guadalajara. Su itinerario formativo quedó interrumpido en 1914 cuando las fuerzas carrancistas ocuparon la ciudad y clausuraron el seminario. Era el período de mayor violencia anticlerical de la Revolución Mexicana; sacerdotes eran perseguidos, conventos confiscados, templos cerrados. Caloca, sin poder continuar sus estudios en Guadalajara, se dirigió a Totatiche, donde el padre Cristóbal Magallanes había fundado en 1916 el Seminario Auxiliar de Nuestra Señora de Guadalupe para dar continuidad a la formación de jóvenes con vocación sacerdotal.
Fue en ese seminario de sierra, sencillo y clandestino, donde Agustín Caloca completó su preparación teológica. En 1919 regresó a Guadalajara para cursar los últimos estudios de teología en el seminario reabierto. Fue ordenado sacerdote el 5 de agosto de 1923 en la Catedral de Guadalajara, a los veinticinco años. Desde su ordenación hasta el día de su muerte no pasarían ni cuatro años.
Vicario de Totatiche
A petición expresa del padre Magallanes, Caloca fue asignado como vicario —cura coadjutor— de la parroquia de Totatiche y simultáneamente como prefecto del seminario auxiliar. Permaneció en ese destino durante tres años y diez meses, hasta el día en que fue arrestado. Era el sacerdote más joven en una zona de montaña con feligresía dispersa, caminos malos y una persecución religiosa que crecía semana a semana. Quienes lo conocieron lo describieron como humilde, de alegría franca, entregado a la catequesis y al acompañamiento de los seminaristas. No tenía la trayectoria ni el renombre de Magallanes, pero compartía su convicción de que el ministerio debía continuar pase lo que pase.
La captura
El 21 de mayo de 1927, mientras viajaban por caminos de la sierra para celebrar una misa en una casa particular, Magallanes y Caloca fueron detenidos por soldados del general Francisco Goñi. Los llevaron a Colotlán como sospechosos de colaborar con la insurrección cristera. Según el testimonio recogido en el proceso de beatificación, un oficial le ofreció a Caloca la libertad argumentando que era muy joven para morir; Caloca respondió que no aceptaría salir libre si su párroco no era liberado también. Rechazó la oferta.
El martirio en Colotlán
El 25 de mayo de 1927, cuatro días después de la detención, ambos sacerdotes fueron conducidos al lugar de la ejecución. Ante el pelotón de fusilamiento, Magallanes extendió los brazos en forma de cruz y dio la absolución sacramental a Caloca, que estaba a su lado. Ambos murieron juntos. La escena del párroco que absuelve a su vicario antes de que los dos caigan bajo las balas es una de las imágenes más citadas de la hagiografía cristera. Caloca tenía 29 años; era el sacerdote más joven de los fusilados ese día.
Beatificación y canonización
Juan Pablo II beatificó a Agustín Caloca Cortés el 22 de noviembre de 1992 en Roma, junto al grupo de mártires mexicanos que incluía a su compañero Cristóbal Magallanes. El mismo pontífice lo canonizó el 21 de mayo de 2000 en la Plaza de San Pedro, como parte del grupo de San Cristóbal Magallanes y compañeros, veinticinco mártires de la persecución religiosa en México. Su festividad litúrgica es el 21 de mayo. La hagiografía oficial de la Santa Sede está disponible en el sitio oficial del Vaticano.