San Cristóbal Magallanes Jara, retrato fotográfico
San Cristóbal Magallanes Jara. Retrato tomado antes de 1927. Wikimedia Commons, dominio público.

Cristóbal Magallanes Jara nació el 30 de julio de 1869 en el rancho de San Rafael, perteneciente al municipio de Totatiche, en los Altos Norte de Jalisco. Sus padres eran Rafael Magallanes Romero y María Clara Jara Sánchez, labradores de tierra difícil. Antes de pensar en el sacerdocio, el joven Cristóbal fue pastor y campesino; conoció desde niño la dureza del monte y la vida de los ranchos serranos donde la iglesia parroquial era muchas veces el único hilo visible que unía a las comunidades dispersas. Esa experiencia lo marcaría para siempre: sería sacerdote de pueblo, con los pies en la tierra.

El seminario y la ordenación

En octubre de 1888, a los diecinueve años, Cristóbal ingresó al Seminario Conciliar de Guadalajara. Llegó tarde a los estudios formales comparado con muchos de sus compañeros, pero lo compensó con tenacidad. Cursó filosofía y teología durante los años necesarios y fue ordenado sacerdote. Tras su ordenación, la diócesis lo destinó de regreso a Totatiche, su tierra natal, donde ejercería el ministerio parroquial durante el resto de su vida. Sería siempre el cura de Totatiche: un hombre que conocía a sus feligreses por nombre, que había bautizado a sus hijos y enterrado a sus padres.

El párroco constructor

Magallanes fue un sacerdote de acción concreta. Totatiche era una zona serrana pobre, con escasa tierra cultivable y poblaciones indígenas huicholas en los cerros del entorno. El párroco organizó la construcción de la presa de La Candelaria para llevar riego a los campos del municipio, transformando con ello la economía local. Fundó un orfanato bajo la advocación de Nuestra Señora del Refugio para los niños sin familia. Organizó un hogar para ancianos. Fundó la Banda Municipal de Música de Totatiche en 1921. Realizó misiones entre las comunidades huicholas de la sierra, uno de los pueblos indígenas más resistentes a la hispanización religiosa, llevando los sacramentos a lugares donde el sacerdote llegaba a lomo de mula una o dos veces al año.

En 1916, cuando el gobierno carrancista cerró el Seminario de Guadalajara, Magallanes respondió con una iniciativa audaz: fundó el Seminario Auxiliar de Nuestra Señora de Guadalupe en Totatiche, donde continuó formando jóvenes para el sacerdocio bajo el telón de la persecución. Dos de sus frutos más visibles fueron su compañero de martirio Agustín Caloca Cortés y su sucesor parroquial, José Pilar Quezada Valdés.

La persecución y la captura

Con la aplicación de la Ley Calles en 1926, las actividades del padre Magallanes se volvieron ilegales de facto. Continuó celebrando la misa en casas particulares, administrando sacramentos de manera clandestina y sosteniendo el seminario a escondidas. El general Francisco Goñi, jefe de operaciones militares en la zona, acusó a Magallanes de sostener activamente la rebelión cristera en la comarca. El párroco pudo demostrar en su momento que las acusaciones eran falsas; los militares entonces le imputaron nuevos cargos.

El 21 de mayo de 1927, mientras viajaban por los caminos de la sierra para celebrar una misa clandestina, Magallanes y Caloca fueron interceptados y detenidos por soldados federales. Fueron conducidos a Colotlán, cabecera de la zona, donde quedaron en manos del general Goñi.

El martirio en Colotlán

Durante los cuatro días que permaneció detenido en Colotlán, Magallanes mantuvo la serenidad. No fue sometido a torturas documentadas, pero sí a presiones para que renunciara a su ministerio y denunciara a otros sacerdotes. El 25 de mayo de 1927, fiesta de la Santísima Trinidad, fue sacado del lugar de detención junto con Agustín Caloca. Ante el paredón, Magallanes extendió los brazos en forma de cruz, dio la absolución a su compañero más joven, y se dirigió a los soldados con la voz clara. Fue fusilado junto a Caloca. Tenía 57 años.

Se conserva la descripción de un testigo del momento previo a la ejecución: Magallanes, sereno, le dijo a Caloca con voz baja: «Tranquilízate, hijo mío; sólo un momento y estaremos en el cielo».

«Soy y muero inocente; perdono de corazón a los autores de mi muerte y pido a Dios que mi sangre sirva para la paz de los mexicanos desunidos.» — San Cristóbal Magallanes Jara, 25 de mayo de 1927

Beatificación y canonización

Juan Pablo II beatificó a Cristóbal Magallanes Jara el 22 de noviembre de 1992 en Roma, junto con un grupo de sus compañeros mártires. El mismo pontífice lo canonizó el 21 de mayo de 2000 en la Plaza de San Pedro, encabezando la lista de los veinticinco mártires mexicanos —sacerdotes y laicos— que murieron durante la persecución religiosa de los años 1926 a 1937. El grupo lleva oficialmente el nombre de San Cristóbal Magallanes y compañeros. Su festividad litúrgica es el 21 de mayo. Los documentos hagiográficos de la Santa Sede están disponibles en el sitio oficial del Vaticano.

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Fuentes citadas en esta página

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