David Roldán Lara nació el 2 de marzo de 1902 en Chalchihuites, Zacatecas, hijo de Pedro Roldán Reveles y de Reinalda Lara Granados. Su padre murió cuando David tenía apenas un año de vida, dejando a Reinalda con la carga de criar sola a sus hijos en la austeridad del altiplano zacatecano. La madre Lara, cuyo apellido vinculaba a David con la familia de su prima María Soledad Puente Granados —madre a su vez del futuro mártir Salvador Lara Puente—, fue el pilar del hogar y la primera maestra de fe del niño. Desde pequeño, David fue monaguillo en la parroquia de Chalchihuites, iniciando un lazo con la liturgia que marcaría toda su vida.
El seminario y el retorno al trabajo
La formación espiritual de David Roldán lo llevó, como a tantos jóvenes del catolicismo norteño de su generación, a las puertas del Seminario de la Arquidiócesis de Durango. Allí estudió durante algún tiempo, discerniendo la vocación sacerdotal. Pero la realidad económica familiar pesó más que el deseo de ordenarse: sin los ingresos de David, su madre no podía sostenerse. El joven abandonó el seminario y regresó a Chalchihuites.
Encontró trabajo en la mina El Conjuro, uno de los centros de explotación minera de la sierra zacatecana. Era un empleo duro, físico, que lo mantenía en contacto con una clase trabajadora cuya fe era profunda pero cuya vida cotidiana estaba lejos del mundo clerical. En esa mina también trabajaría más tarde su primo Salvador Lara Puente, cerrando un círculo de solidaridad familiar y laboral que se prolongaría hasta la muerte.
Liderazgo en la ACJM
David Roldán fue uno de los fundadores y el primer presidente del capítulo local de la Asociación Católica de la Juventud Mexicana (ACJM) en Chalchihuites, cargo que ejerció entre 1924 y 1925. La ACJM era en aquellos años el principal espacio de organización del laicado joven en México: una red de formación espiritual, cultural y cívica que, a medida que la represión callista se intensificaba, se fue convirtiendo también en estructura de resistencia y testimonio.
Al terminar su mandato como presidente, David cedió el cargo a su primo Salvador Lara, pero continuó activo en la organización como vicepresidente de la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa. Su relación con el párroco, el padre Luis Batis Sáinz, era cercana y constante.
En esos años, David también vivía en el umbral de una nueva etapa personal: estaba comprometido para casarse con la hija de Gustavo Windel, administrador de la mina El Conjuro. El matrimonio, que habría de sellarse en breve, nunca llegó a celebrarse.
La persecución y la Ley Calles
El año 1926 trajo la tormenta que los católicos mexicanos llevaban tiempo temiendo. La Ley Calles, promulgada en junio, penalizó el culto externo y las actividades de las organizaciones religiosas. Para el 1 de agosto, las iglesias cerraron y los sacramentos pasaron a la clandestinidad. En ese clima, ser miembro activo de la ACJM o de la Liga Nacional era, en la práctica, ponerse en el punto de mira de la autoridad militar.
David Roldán continuó sus actividades sin ocultarse. La comunidad de Chalchihuites no cedió ante la presión: el padre Batis, Manuel Morales, Salvador Lara y David Roldán siguieron reuniéndose, organizando, sosteniendo la fe de sus vecinos. Era una resistencia pacífica, pero era resistencia.
La captura
El 14 de agosto de 1926, soldados federales irrumpieron en una reunión en Chalchihuites y arrestaron a David Roldán junto al padre Batis, a Manuel Morales y a su primo Salvador. La detención fue arbitraria en todos los sentidos jurídicos del término: sin orden escrita, sin acusación formal, sin abogado, sin plazo. Los cuatro fueron retenidos esa noche bajo la custodia de los militares.
Según los testimonios recogidos en el proceso de beatificación, David asumió durante esas horas un rol de sostén espiritual para el grupo. Mientras el padre Batis intercedía ante los soldados y Manuel Morales sopesaba en silencio el rechazo de la clemencia, David Roldán fue el que más activamente llevó al grupo hacia la oración.
El martirio
En la madrugada del 15 de agosto de 1926, los cuatro detenidos fueron conducidos al Puerto de Santa Teresa, a las afueras de Chalchihuites. Cuando quedó claro que iban a ser ejecutados, David Roldán tomó la iniciativa de lo que sería el último acto litúrgico del grupo: guió a sus compañeros en la recitación en voz alta del Acto de Contrición.
El Acto de Contrición es la oración con la que un cristiano reconoce sus pecados, pide perdón a Dios y expresa su propósito de enmendarse. Rezarlo en voz alta, en grupo, ante el pelotón de fusilamiento, fue una declaración inequívoca: no eran delincuentes que recibían un castigo merecido; eran creyentes que morían perdonando y pidiendo ser perdonados.
David Roldán Lara tenía 24 años al momento de su muerte.
David y Salvador: dos primos, un martirio
La simultaneidad del martirio de David Roldán Lara y su primo hermano Salvador Lara Puente es uno de los elementos más conmovedores del relato de Chalchihuites. Ambos habían nacido en la misma región, perdido a sus padres en la infancia, estudiado en el mismo seminario, trabajado en la misma mina, liderado la misma organización. El apellido Lara, compartido a través de sus madres, sellaba el lazo.
Cuando los soldados los fusilaron juntos el 15 de agosto de 1926, ejecutaron algo más que a dos individuos: eliminaron a una red de relaciones familiares, laborales y espirituales que sostenía a toda una comunidad. Esa red fue la que la Iglesia canonizó, no sólo a las personas que la integraban.
Significado histórico y espiritual
David Roldán representa al laico cristero que ejerce liderazgo desde la comunidad de base, sin privilegios de clase ni de formación académica. Era un obrero minero, huérfano de padre, comprometido para casarse, activo en dos organizaciones a la vez. Su vida tiene la textura concreta de la mayoría de los hombres de su tiempo y su lugar.
El gesto de liderar el Acto de Contrición ante el pelotón es particularmente significativo: no es el gesto del héroe que muere desafiando al enemigo, sino el del cristiano que muere preparando su alma y la de sus compañeros. Es un gesto de pastor sin ordenar, de líder espiritual que actúa en el momento más extremo con la misma naturalidad con que habría presidido una reunión de la ACJM.
Beatificación y canonización
Juan Pablo II beatificó a David Roldán Lara el 22 de noviembre de 1992 en Roma, junto a los otros 24 mártires mexicanos de la Cristiada. El 21 de mayo de 2000, en la Plaza de San Pedro, los canonizó a todos simultáneamente. Su festividad litúrgica es el 21 de mayo; también se celebra localmente el 15 de agosto, día de la Asunción y de su muerte. Los documentos de la Santa Sede sobre su causa están disponibles en el sitio oficial del Vaticano.