Jesús Méndez Montoya nació el 10 de junio de 1880 en Tarímbaro, Michoacán, municipio situado en el valle de Morelia, en las tierras fértiles que rodean la capital del estado. Era hijo de Florentino Méndez y María Cornelia Montoya. La familia vivía en una zona de vocación agrícola, no lejos de la ciudad episcopal de Morelia, y fue en el marco de la Arquidiócesis de Morelia donde el joven Jesús dio sus primeros pasos hacia el sacerdocio. A los catorce años ingresó al Seminario de Morelia, la institución formativa más importante del centro de México, donde cursó los estudios filosóficos y teológicos que lo prepararían para el presbiterado.
Formación y ordenación
El Seminario de Morelia era en aquellos años una institución de sólida tradición intelectual. Bajo la guía de sus superiores, Jesús Méndez Montoya no solo adquirió la formación teológica requerida sino que desarrolló talentos que más tarde marcarían su ministerio: la música y el canto. Era un hombre que entendía que la liturgia bien cantada era en sí misma catequesis, y que el director del coro parroquial hacía una labor pastoral tanto como el predicador del domingo.
Ordenado sacerdote por la Arquidiócesis de Morelia, fue destinado como vicario de Valtierrilla, un pueblo del municipio de Salamanca en el estado de Guanajuato. Aunque nacido en Michoacán, su ministerio se desarrolló en suelo guanajuatense desde 1913 en adelante: quince años de servicio en la misma comunidad, construyendo una presencia conocida por todos en el pueblo.
El pastor de Valtierrilla
En Valtierrilla, el padre Jesús Méndez Montoya fue el tipo de sacerdote que sus documentos de canonización describen como alguien que «sabía hacerse todo para todos». Pasaba horas en el confesionario; visitaba a las familias pobres en sus casas; trabajaba pastoralmente con los obreros y campesinos de la región. Dirigía el coro de la iglesia y se preocupaba por la calidad del canto litúrgico con la misma seriedad que dedicaba a la predicación. Era músico por formación y vocación.
Su devoción mariana era notable incluso en un clero que la cultivaba con generalidad. La Virgen María ocupaba el centro de su espiritualidad personal y de su predicación. Esta devoción se reflejaba en la vida litúrgica de Valtierrilla, donde los meses de mayo y octubre —los meses marianos por excelencia— eran celebrados con especial solemnidad bajo su guía.
La persecución y el ministerio clandestino
Cuando estalló la persecución religiosa en 1926 y los sacerdotes de todo México se vieron obligados a decidir entre el exilio, el silencio o la clandestinidad, Jesús Méndez Montoya eligió quedarse en Valtierrilla. No abandonó a sus feligreses. Celebraba Misa de madrugada, en casas particulares, con la puerta cerrada y los vecinos alertas. Bautizaba, confesaba y administraba los últimos sacramentos en secreto. En varias ocasiones expresó ante personas de su confianza su deseo de morir como mártir si fuera necesario. No era una frase hecha: era la articulación de una disposición interior que lo sostenía en la incertidumbre cotidiana del ministerio clandestino.
El copón y la muerte
En la madrugada del 5 de febrero de 1928, fuerzas federales irrumpieron en Valtierrilla buscando cristeros. El padre Méndez Montoya acababa de terminar la Misa cuando comenzaron los disparos en las calles. Su reacción inmediata no fue buscar refugio para sí mismo sino proteger lo más sagrado que tenía a mano: el copón con las Hostias consagradas. Lo tomó, lo ocultó bajo el manto, y intentó saltar por una ventana para poner el Santísimo a salvo.
Los soldados lo descubrieron. Le preguntaron: «¿Eres sacerdote?» Respondió: «Sí, soy sacerdote.» Lo condujeron a un lugar junto al atrio de la iglesia. El capitán Muñiz intentó dispararle con su pistola; el arma no funcionó. Los soldados del pelotón fallaron los primeros tiros. Entonces el oficial lo hizo ponerse de pie, le quitó el crucifijo y las medallas, lo colocó junto a unas plantas de maguey y ordenó otro disparo. El padre Jesús Méndez Montoya murió fusilado en Valtierrilla, Guanajuato, a los 47 años de edad.
Cuando le comunicaron la noticia a su familia en Michoacán, su respuesta, según el testimonio conservado, fue: «Es la voluntad de Dios. Que se haga su voluntad.»
Primer santo de la Arquidiócesis de Morelia
San Jesús Méndez Montoya tiene la distinción de ser el primer fiel de la Arquidiócesis de Morelia en ser canonizado por la Iglesia universal. Aunque su ministerio se desarrolló en Guanajuato, perteneció eclesialmente a Morelia, y su canonización fue recibida con especial orgullo en Michoacán. En Valtierrilla, la pequeña iglesia de la Virgen de Guadalupe donde celebró su último Misa conserva la memoria del sacerdote que prefirió salvar el copón antes que salvar su propia vida.
Beatificación y canonización
Juan Pablo II beatificó a Jesús Méndez Montoya el 22 de noviembre de 1992 en Roma, junto a los otros 24 mártires mexicanos de la Cristiada. El 21 de mayo de 2000, en la Plaza de San Pedro, los canonizó a todos simultáneamente. Su festividad litúrgica es el 21 de mayo; también se celebra localmente el 5 de febrero, aniversario de su martirio. Los documentos de la Santa Sede sobre su causa están disponibles en el sitio oficial del Vaticano.