Miguel de la Mora de la Mora nació el 19 de junio de 1878 en el rancho El Rincón del Tigre, municipio de Tecalitlán, en el estado de Jalisco —tierra de frontera entre Jalisco y Colima, tierra de ranchos y caminos polvorosos en el pie de sierra. Su hermano Regino vivía en Colima, y fue él quien, al ver en el muchacho Miguel una disposición para la vida espiritual, lo llevó a inscribirse en el Seminario de Colima. Su madre y su hermana María lo acompañarían en muchos de sus posteriores destinos pastorales, sosteniéndolo en la vida cotidiana.

El seminario y la ordenación

Miguel cursó sus estudios en Colima. Fue ordenado sacerdote en 1906, a los veintiocho años. Sus contemporáneos lo describen con consistencia: un hombre «sencillo, discreto, ordenado y puntual», como reza la hagiografía oficial del Vaticano, que lo señala además como sacerdote de «caridad hacia los pobres y disponibilidad para servir». No era un predicador de masas ni un organizador de movimientos; era el cura fiel y callado que estaba donde debía estar y hacía lo que le tocaba hacer.

Los destinos pastorales

Después de su ordenación el padre Miguel de la Mora sirvió en varios destinos del estado de Colima: como ministro en Tomatlán, como capellán en la Catedral de Colima, en la hacienda de San Antonio en Zapotitlán, y de regreso a la Catedral como capellán del coro. La Catedral de Colima era la sede de la diócesis, y servir en ella como capellán implicaba una relación estrecha con el obispo y con la vida litúrgica central de la Iglesia colimense. Era un sacerdote de cámara más que de campo; su mundo era el ceremonial catedralicio, los oficios del coro, la administración sacramental.

Era también miembro de los Caballeros de Colón, la organización laica católica que en México tuvo presencia significativa durante el período de la persecución.

La obediencia al obispo durante la persecución

Cuando la Ley Calles entró en vigor en 1926 y los obispos mexicanos decidieron suspender el culto público en señal de protesta, el padre Miguel de la Mora acató escrupulosamente las instrucciones de su prelado. Las autoridades militares del estado de Colima lo presionaron para que reabriera la Catedral al culto público —no por respeto a la religión, sino como gesto de control político que les permitiría mostrar que el obispo había cedido. El padre respondió que no podía actuar en contra de las disposiciones de su superior jerárquico. Se le amenazó con la cárcel si no obedecía. Eligió marcharse de la ciudad antes que contradecir a su obispo.

Durante los meses siguientes vivió en la clandestinidad relativa, moviéndose entre ranchos del entorno de Colima, celebrando misa en casas particulares, administrando confesiones y comuniones a quienes se lo pedían. No era hombre de grandes gestos públicos: rezaba, servía, se mantenía en movimiento.

La captura en Cardona

En la población de Cardona, en el estado de Colima, alguien lo reconoció como sacerdote. Esa sola identificación bastó: un agrarista lo detuvo y lo condujo de regreso a Colima, al cuartel general de las operaciones militares. Dentro del cuartel, sin ninguna formalidad militar —sin proceso, sin cargos formales, sin tribunal—, un oficial le ordenó caminar hacia las caballerizas. El padre Miguel de la Mora fue ejecutado allí, entre el estiércol del establo, rezando el rosario. El rosario estaba en su mano cuando murió. Era el 7 de agosto de 1927, al mediodía. Tenía 49 años.

La escena del sacerdote fusilado en una caballeriza mientras reza el rosario concentra algo que se repite en muchos martirios cristeros: la brutalidad sin solemnidad, la muerte sin testigos que importaran a nadie, la fe sin aspavientos. No hubo palabras finales documentadas; hubo oración.

«Llevaba el rosario en la mano cuando murió.» — Testimonio sobre el martirio de San Miguel de la Mora de la Mora, 7 de agosto de 1927

Beatificación y canonización

Juan Pablo II beatificó a Miguel de la Mora de la Mora el 22 de noviembre de 1992 en Roma. El mismo pontífice lo canonizó el 21 de mayo de 2000 en la Plaza de San Pedro, como parte del grupo de San Cristóbal Magallanes y compañeros, los veinticinco mártires de la persecución religiosa en México. Su festividad litúrgica es el 21 de mayo. La hagiografía oficial de la Santa Sede está disponible en el sitio oficial del Vaticano.

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Fuentes citadas en esta página

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