Miguel Agustín Pro arrodillado en oración antes de su fusilamiento, 23 de noviembre de 1927
23 noviembre 1927 · Ciudad de México El Padre Pro, arrodillado en oración, momentos antes del fusilamiento. Wikimedia Commons, dominio público.

José Ramón Miguel Agustín Pro Juárez, S.J., nació el 13 de enero de 1891 en Guadalupe, Zacatecas, en una familia minera acomodada. Once hermanos, dos hermanas religiosas, una madre que abrió un hospital para mineros heridos. Miguel era el bromista de la casa: excelente memoria, pésimas calificaciones, hábil para salirse con la suya. Su padre le dio trabajo de oficinista para mantenerlo ocupado. A los 20 años entró a la Compañía de Jesús. Fue ordenado sacerdote en 1925, en Bélgica, apenas unos meses antes de regresar a un México que estaba a punto de estallar.

El ministerio clandestino

Cuando Pro volvió a México en julio de 1926, la Ley Calles estaba por entrar en vigor. El 1 de agosto, todas las iglesias cerraron. Celebrar misa en público era delito. Administrar los sacramentos era delito. Vestir sotana era multa de 500 pesos.

Pro decidió seguir siendo sacerdote, con sotana o sin ella. Durante más de un año, celebró misas clandestinas en casas particulares de la Ciudad de México. Confesó a cientos. Llevó la comunión — escondida en un periódico o en una lata de galletas — a enfermos y presos. Disfrazado de obrero, de chofer, de estudiante. Con sus hermanos Humberto y Roberto como cómplices. Un día oficiaba en una cochera; al siguiente en una azotea; al siguiente en un sótano.

Sus cartas familiares de esos meses — publicadas después de su muerte — muestran a un hombre con sentido del humor, que firmaba «Cocol» (apodo familiar), que bromeaba sobre sus disfraces, que terminaba cada crónica con alguna forma de «Viva Cristo Rey».

La bomba contra Obregón

El 13 de noviembre de 1927, una bomba arrojada desde un automóvil explotó contra el vehículo del ex presidente Álvaro Obregón — entonces candidato a un segundo periodo — mientras circulaba por el bosque de Chapultepec. Obregón resultó herido. El conductor del automóvil atacante, Luis Segura Vilchis, fue capturado. Segura era un joven ingeniero católico, miembro de la ACJM, vinculado marginalmente a los hermanos Pro — que le habían prestado su automóvil para otros fines sin saber del plan.

Segura confesó. Insistió — bajo tortura, ante el juez, al momento de morir — que los Pro no habían tenido nada que ver. No importó. Calles necesitaba un ejemplo. Los tres hermanos Pro y Segura fueron arrestados. No hubo juicio. No hubo tribunal. El presidente ordenó la ejecución directamente.

La ejecución

El 23 de noviembre de 1927, a las 10:38 de la mañana, Pro fue sacado de su celda en la Inspección General de Policía. Calles había ordenado que la ejecución fuera fotografiada: el plan era reproducir las imágenes en los periódicos al día siguiente para intimidar a los cristeros. Periodistas y fotógrafos fueron llevados al patio.

Pro bendijo a los soldados del pelotón. Pidió permiso para arrodillarse y rezar. Rechazó la venda. Se levantó, sostuvo un crucifijo en una mano y un rosario en la otra, extendió los brazos formando una cruz, y gritó con voz firme:

«¡Que Dios tenga misericordia de ustedes! ¡Que Dios los bendiga! Señor, Tú sabes que soy inocente. Con todo mi corazón perdono a mis enemigos. ¡Viva Cristo Rey!» — Últimas palabras del Padre Miguel Agustín Pro, 23 de noviembre de 1927

La primera descarga no lo mató. Un soldado se acercó y le disparó a quemarropa en la cabeza.

El efecto contrario

Calles se equivocó. Las fotografías — diseñadas para aterrorizar — circularon en periódicos de todo México y del mundo. En lugar de intimidar, emocionaron. La imagen del Padre Pro con los brazos extendidos, gritando «¡Viva Cristo Rey!», se convirtió en el símbolo visual de la Cristiada. Más de 40,000 personas asistieron a su funeral, muchos gritando «¡Viva Cristo Rey!» al paso del féretro. Desde entonces, las estampas del Padre Pro — reproducidas a partir de esas mismas fotografías — se imprimen por millones. Aún hoy se venden junto a los altares mexicanos.

En las ejecuciones posteriores, soldados del ejército federal empezaron a cortar la lengua de los mártires antes de matarlos, para que no pudieran repetir el grito.

Beatificación

Juan Pablo II beatificó al Padre Pro el 25 de septiembre de 1988 en Roma, declarándolo mártir in odium fidei («en odio a la fe»). Su festividad litúrgica es el 23 de noviembre, día de su muerte.

Graham Greene se inspiró en Pro — junto con la leyenda de un sacerdote clandestino tabasqueño — para el «cura whisky» de The Power and the Glory (1940). Ver Tabasco.

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Fuentes citadas en esta página

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