Pedro Esqueda Ramírez nació el 29 de abril de 1887 en San Juan de los Lagos, Jalisco, una de las ciudades más marcadas por la devoción mariana en toda México. Era hijo de Margarito Esqueda y Nicanora Ramírez. Creció en un hogar donde la fe era inseparable del lugar en que vivían: San Juan de los Lagos albergaba la basílica de la Virgen cuya imagen databa del siglo XVI, y las peregrinaciones que llegaban a honrarla formaban parte del paisaje humano de la ciudad. Para el niño Pedro, crecer ahí significó respirar desde la infancia un catolicismo profundo y popular.
Formación sacerdotal
Reconocida su vocación desde joven, Pedro Esqueda ingresó al seminario auxiliar que funcionaba en San Juan de los Lagos, donde cursó los primeros estudios eclesiásticos. Sus superiores, al advertir sus capacidades, lo enviaron hacia 1908 al Seminario de Guadalajara para completar los estudios de teología. Era el seminario mayor de la arquidiócesis, donde se formaban los futuros sacerdotes de todo el occidente mexicano. Esqueda se destacó como estudioso y hombre de oración.
Recibió la ordenación sacerdotal en 1916, ya con veintiocho años —una formación larga, meticulosa—. Fue destinado como vicario cooperador en la misma parroquia de San Juan de los Lagos, donde había crecido. Era un regreso al lugar que lo había formado: ahora volvía para servir a esa comunidad desde el altar.
El apóstol de la catequesis
Lo que distinguió al padre Pedro Esqueda entre sus contemporáneos fue su devoción al trabajo catequético con niños y jóvenes. En una época en que la educación religiosa era sistemáticamente atacada desde el gobierno, él la convirtió en el eje de su ministerio. Fundó varios centros de estudio catequístico en la parroquia y sus alrededores, y organizó una escuela para la formación de catequistas: adultos que a su vez enseñarían la doctrina a otros.
No se conformaba con la instrucción formal. Cuando la persecución comenzó y las iglesias fueron clausuradas o convertidas en cuarteles, el padre Esqueda organizó a las familias para mantener la adoración perpetua del Santísimo Sacramento en casas particulares: un rosario de oraciones domésticas que garantizaba que en el municipio nunca faltara quien velara ante el Santísimo, aunque fuera en secreto. Era una forma de resistencia espiritual que no requería armas ni proclamas: solo familias dispuestas a abrir su sala o su cocina como oratorio.
Arresto y cautiverio
En noviembre de 1927, el padre Esqueda continuaba celebrando Misa clandestinamente en San Juan de los Lagos. El 18 de noviembre de 1927, el teniente coronel Santoyo lo capturó. Los soldados lo golpearon durante la detención; recibió heridas que lo dejaron con un brazo inutilizado. Fue mantenido incomunicado en la abadía de la Colegiata de San Juan de los Lagos, que los militares habían convertido en cuartel. Cuatro días permaneció allí, sin asistencia médica adecuada, en condiciones de humillación deliberada.
Durante esos días de cautiverio, un soldado que lo custodiaba le dijo, con algo que podría haber sido compasión o podría haber sido burla, que debería arrepentirse de ser sacerdote. El padre Esqueda respondió con tranquilidad: «No, ni por un momento, y estoy cerca de ver el cielo.»
El camino a Teocaltitán
El 22 de noviembre de 1927, cuatro días después del arresto, los soldados sacaron al padre Esqueda del cuartel y lo condujeron hacia la localidad de Teocaltitán, en el municipio de Jalostotitlán. Lo llevaban herido, con el brazo roto, caminando. En el camino lo acompañaba un niño —probablemente un asistente o un joven feligrés que alguien no tuvo la precaución de apartar—. El padre, con la certeza de lo que se avecinaba, no dejó de hablarle al niño en ningún momento del trayecto: que siguiera estudiando el catecismo, que no abandonara la formación cristiana, que lo que había aprendido nadie podía quitárselo. Escribió en papeles sus recomendaciones finales para los catequistas que dejaba.
Llegados al lugar designado para la ejecución, en las afueras de Teocaltitán, los soldados procedieron a fusilar al padre Esqueda. Recibió tres disparos. Murió ahí, en tierra jalisciense, a los 40 años de edad. Sus restos fueron trasladados más tarde y reposan hoy en el presbiterio de la Basílica Catedral de San Juan de los Lagos.
Un día antes del Padre Pro
La fecha del martirio del padre Esqueda — 22 de noviembre de 1927 — lo coloca exactamente un día antes del fusilamiento del Padre Miguel Agustín Pro en la Ciudad de México, el 23 de noviembre de ese mismo año. El Padre Pro fue ejecutado con publicidad deliberada, ante fotógrafos; sus imágenes circularon por el mundo. El padre Esqueda murió en las afueras de un pueblo de Jalisco, sin testigos de la prensa, sin fotografías. Esta diferencia de escala histórica no disminuye la realidad del martirio; subraya que la persecución religiosa de 1926–1929 no fue un evento concentrado en las figuras más visibles, sino un fenómeno extendido en decenas de comunidades donde sacerdotes ordinarios murieron de manera ordinaria, sin que nadie los fotografiara.
Beatificación y canonización
Juan Pablo II beatificó a Pedro Esqueda Ramírez el 22 de noviembre de 1992 en Roma, junto a los otros 24 mártires mexicanos de la Cristiada. El 21 de mayo de 2000, en la Plaza de San Pedro, los canonizó a todos simultáneamente. Su festividad litúrgica es el 21 de mayo; también se celebra localmente el 22 de noviembre, aniversario de su martirio. Los documentos de la Santa Sede sobre su causa están disponibles en el sitio oficial del Vaticano.